IDEAS PARA UN FUTURO MEJOR

INTERDEPENDENCIA ECONÓMICA

Hace algo más de 200 años los japoneses y los chinos consideraban que su civilización era autosuficiente y cuando representantes de potencias occidentales les propusieron abrir rutas comerciales inicialmente se negaron argumentando que no les hacía falta nada.

Sin embargo, la situación cambió cuando les amenazaron con una guerra en el caso de los japoneses o no la pudieron evitar en el caso de los chinos.

Esta referencia histórica nos hace reflexionar sobre la necesidad del comercio internacional y su relación con el estilo de vida de cada sociedad. Si se vive en una civilización autosuficiente se puede vivir aislado, pero si no tienes todos los recursos o conocimientos necesarios para mantener y desarrollar tu modelo económico, el comercio internacional deja de ser una opción y se convierte en una necesidad.

La globalización, iniciada tras la Revolución Industrial, ha sido un proceso oportunista impulsado por la búsqueda de beneficios financieros, economías de escala y crecimiento económico.

Algunas regiones disponían de tecnología; otras, de mano de obra; y otras, de consumidores. Si estos elementos se conectaban eficientemente, se podía crear un tejido industrial, comercial y tecnológico del que muchos podían beneficiarse.

Los desequilibrios son fuente de oportunidad

La globalización es un proceso que abarca aspectos económicos, sociales, políticos, tecnológicos, culturales, geográficos y climáticos. Se caracteriza por la integración de las economías de un grupo de países cuyas diferencias estructurales tienen el volumen suficiente para convertirse en oportunidades de negocio.

Los beneficios de la integración son bilaterales y se derivan de actividades industriales y comerciales donde el volumen, el costo y la confiabilidad del proceso justifican el esfuerzo de reingeniería necesario.

La globalización, en general, es un proceso que genera beneficios para las partes involucradas, pero también implica desventajas e inconvenientes, ya que siempre que alguien gana, alguien pierde.

Por otra parte, las diferencias entre los países no son estáticas, la tecnología avanza, los países se desarrollan, los recursos se agotan, los mercados maduran, la inflación aumenta los costos y los cambios políticos generan nuevas prioridades.

De la Ruta de la Seda a la cadena de suministros global

Los inicios de la globalización se remontan a la Edad Antigua, cuando las civilizaciones comenzaron a intercambiar productos a través de rutas como la del comercio de la seda entre Oriente y Occidente.

Aunque el comercio intercontinental de la Edad Antigua no tuvo un volumen masivo, abrió mercados y estableció relaciones de largo plazo que crecieron posteriormente con el comercio marítimo impulsado por la colonización de diversas regiones de Asia, África y América.

A partir de allí, el desarrollo tecnológico y las oportunidades de cooperación entre diferentes Estados aceleraron la globalización hasta llegar a su nivel más avanzado en las primeras décadas del siglo XXI, cuando los sistemas financieros, de comunicación y de transporte permitieron desarrollar nuevas cadenas de suministro, aprovechando las oportunidades ofrecidas por el libre comercio y la diversidad en el nivel de desarrollo de los países.

Visión global para imaginar la fábrica barata del mundo

El avance de los procesos industriales, combinado con sistemas de transporte y comunicación eficientes y económicos, hizo posible diseñar un producto en un país, fabricarlo en otro y comercializarlo en varios continentes. Una oportunidad que no se podía dejar pasar.

Con una visión estratégica y global, se podía aprovechar la mano de obra barata de una región para hacer funcionar nuevas fábricas que utilizaran los recursos naturales de zonas bien conectadas, todo esto en un proceso diseñado para generar economías de escala y aprovechar diferencias estructurales en los niveles de desarrollo.

Si analizamos el caso de China como la “fábrica barata del mundo” en la ola de globalización que comenzó a principios de los años 80 y se aceleró con su entrada en la OMC en el año 2001, podemos observar cómo en un primer momento era un proceso de ganar-ganar.

Los trabajadores chinos recibían un salario mucho mayor en fábricas de bajo valor agregado que en el campo. Por otra parte, las nuevas fábricas podían producir grandes cantidades de productos a precios muy competitivos. Esto beneficiaba a los inversores extranjeros y a los consumidores, además de generar un importante volumen de actividad económica a ambos lados del planeta.

Nada es eterno y todas las monedas tienen dos lados

Los empresarios estadounidenses y europeos mejoraron sustancialmente sus márgenes de beneficio con la deslocalización de fábricas, mientras que el gobierno chino impulsó el desarrollo económico del país, creando un nuevo tejido industrial y sacando a millones de personas de la pobreza.

Sin embargo, la reducción del peso del sector industrial de bajo valor agregado en Estados Unidos y Europa, que en una primera etapa no se percibió como algo negativo, comenzó a ralentizar la movilidad laboral en Occidente.

El aumento de rentabilidad de las cadenas de suministro no se extendió al resto de la economía y, a largo plazo, comenzó a erosionar el poder adquisitivo de la clase media en ambos continentes.

Con el paso del tiempo, los costos laborales en China también aumentaron, reduciendo la competitividad de sus fábricas. Estos cambios estimularon al gobierno chino a desarrollar una política económica de largo plazo orientada a la fabricación de productos de mayor valor agregado, que justificaran mejores ingresos para los trabajadores y una menor dependencia del capital extranjero.

Las fábricas chinas que se volvían poco competitivas fueron relocalizadas paulatinamente a países menos desarrollados en Asia o sustituidas por empresas más sofisticadas que comenzaron a configurar una nueva generación de tejido industrial, esta vez con mayor tecnología y más valor agregado.

La economía estadounidense continuó creciendo en el sector servicios y en el tecnológico, mientras que el sector industrial se redujo a cerca del 10 % en 2025.

Un proceso cíclico y dinámico

En resumen, la globalización es un proceso cíclico y dinámico que nace de desequilibrios estructurales que tienden a corregirse o desaparecer con el tiempo.

En algunos casos, porque los recursos naturales se agotan; en otros, porque los países se desarrollan o la tecnología cambia la forma de vida. Actualmente, en 2025, podemos observar una ola creciente de retroceso de la globalización entre China y Occidente debido a los factores antes mencionados.

Los desequilibrios generan presiones económicas, sociales y políticas que acumulan tensión y eventualmente se convierten en movimientos de ajuste, algunas veces progresivos, pero frecuentemente mediados por periodos de crisis que, en el peor de los casos, pueden desencadenar conflictos.

Bibliografía: Globalización

  1. Baldwin, R. (2016). The Great Convergence: Information Technology and the New Globalization. Harvard University Press.
  • Friedman, T. L. (2005). The World is Flat: A Brief History of the Twenty-First Century. Farrar, Straus and Giroux.
  • Rodrik, D. (2011). The Globalization Paradox: Democracy and the Future of the World Economy. W. W. Norton & Company.
  • Frankopan, P. (2015). The Silk Roads: A New History of the World. Bloomsbury Publishing.
  • World Trade Organization. (2001). China’s Accession to the WTO.
  • OECD. (2023). Global Value Chains and Trade.
  • UNCTAD. (2022). World Investment Report. United Nations Conference on Trade and Development.
  • Autor, D., Dorn, D., & Hanson, G. (2013). The China Shock: Learning from Labor Market Adjustment. NBER Working Paper No. 21906.

El proceso de desglobalización consiste en una serie de medidas económicas y cambios en la política comercial de un Estado, orientados a reducir la dependencia de la economía global, especialmente en lo relativo a importaciones provenientes de países que contribuyen a generar un déficit comercial o representan un riesgo estratégico para sus intereses.

Este proceso ha sido impulsado en los últimos años por Estados Unidos y, en menor medida, por la Unión Europea. En ambos casos, se percibe una amenaza a su hegemonía en los mercados internacionales debido al ascenso de China en diversas industrias, como la producción de automóviles eléctricos, los equipos de comunicación 5G y los paneles de energía solar.

Un golpe de timón en Estados Unidos

Estados Unidos inició este giro durante el primer mandato de Donald Trump, mediante la imposición de aranceles a bienes importados desde China y otros socios comerciales. La aplicación de estos aranceles en 2018 marcó un punto de inflexión, desencadenando represalias por parte de China y una guerra comercial que rompió con décadas de liberalización económica.

En 2025, la segunda administración Trump intensificó estas medidas con nuevos aranceles, en un proceso de negociación caracterizado por frecuentes cambios de dirección, lo que ha generado un alto grado de inestabilidad e incertidumbre en los mercados financieros.

Según análisis de MAPFRE y Forbes México, estas políticas reflejan el enfoque de «America First», priorizando la reindustrialización interna y la reducción de la dependencia de cadenas de suministro extranjeras, especialmente de China.

En 2025, las tensiones persisten, con Estados Unidos restringiendo exportaciones de tecnología avanzada como semiconductores a China. Esto ha provocado una relocalización de industrias estratégicas y una fragmentación del comercio global en bloques económicos.

La pandemia de COVID-19 expuso vulnerabilidades en las cadenas de suministro globales, especialmente en sectores como medicamentos y semiconductores.

Dos plantas de microchips por 200 mil millones de dólares

Estados Unidos promueve la repatriación de manufactura mediante incentivos como la CHIPS Act (2022), que busca fomentar la producción doméstica de chips. Ejemplo de ello son las plantas de TSMC y Samsung en Arizona y Texas, respectivamente, que representan inversiones en el orden de 200 mil millones de dólares incluyendo subsidio gubernamental.

Algunos analistas especializados han advertido sobre las dificultades que enfrentan estos proyectos para alcanzar niveles de eficiencia y rentabilidad suficientes que les permitan competir con las plantas ya establecidas en Asia.

El dólar pierde relevancia como moneda internacional

Las sanciones de Estados Unidos contra países como Rusia tras la invasión de Ucrania en 2022 e Irán han fragmentado los mercados financieros y energéticos. La exclusión de Rusia del sistema SWIFT impulsó el desarrollo de sistemas alternativos como el chino CIPS, reduciendo la dependencia del dólar, según Geopol 21.

Estas medidas han incentivado a países como China, India y los miembros del bloque BRICS a buscar acuerdos comerciales en monedas locales, debilitando la globalización financiera.

Estados Unidos ha priorizado la seguridad económica frente a la eficiencia global, restringiendo inversiones chinas en sectores estratégicos (tecnología, infraestructura) y limitando la transferencia de tecnología. Esto ha generado un «desacoplamiento» parcial entre las economías de Estados Unidos y China, según *The Economist*.

Las empresas han reconfigurado sus cadenas de suministro, trasladando operaciones a países aliados o cercanos. Por ejemplo, México y Vietnam han ganado relevancia como centros manufactureros alternativos a China, según Forbes México. Esto ha incrementado los costos de producción y ha generado interrupciones en el comercio global, afectando especialmente a las economías emergentes.

Inflación, monedas alternativas y nuevas alianzas

Los aranceles y la relocalización han elevado los precios de bienes y servicios. En 2025, la inflación global se ha visto exacerbada por las políticas proteccionistas de Estados Unidos, con proyecciones de un impacto del 1–2 % en el crecimiento económico de la Unión Europea, según MAPFRE.

El comercio se ha reorientado hacia bloques regionales, y bloques alternativos como el BRICS, que compiten con el modelo de globalización liderado por Occidente. Esto ha reducido la influencia de instituciones como la OMC.

Las sanciones impuestas por Estados Unidos y la desconfianza en el dólar han llevado a países como China, Rusia e India a aumentar el uso de monedas locales en el comercio internacional.

Los países dependientes del comercio global, especialmente los exportadores de materias primas, han enfrentado una mayor volatilidad económica. La desglobalización ha limitado su acceso a mercados y ha incrementado los costos de financiación en dólares.

Este proceso también ha acelerado el desarrollo de monedas digitales emitidas por bancos centrales (CBDC), como el yuan digital, que China utiliza para eludir sanciones y sistemas financieros dominados por Estados Unidos.

La desglobalización, impulsada por las políticas estadounidenses, ha transformado la economía mundial hacia un modelo más fragmentado y regionalizado. Aunque el dólar y las instituciones occidentales mantienen una posición dominante, el auge de bloques económicos alternativos y la diversificación monetaria sugieren un sistema multipolar en el futuro.

Sin embargo, la desglobalización también plantea riesgos como una menor eficiencia económica, mayor inflación y tensiones geopolíticas, que podrían agravarse si las políticas proteccionistas persisten.

Bibliografía: Desglobalización

  1. Baldwin, R. (2016). The Great Convergence: Information Technology and the New Globalization. Harvard University Press.
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  3. Rodrik, D. (2011). The Globalization Paradox: Democracy and the Future of the World Economy. W. W. Norton & Company.
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  7. Forbes México. (2025). Impacto de la desglobalización en América Latina. Forbes Media.
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  11. The Economist. (2025). The US-China decoupling: Strategic implications. The Economist Group.
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